Humo y cenizas

La pavorosa temporada de incendios sufridos en agosto de 2025 tuvo una consecuencia en los cielos en forma de una alta concentración de partículas en el aire. Entre otras consecuencias, como dificultades respiratorias, esto se tradujo en una inusual coloración roja del sol, no sólo en el amanecer y ocaso, que es lo que le toca, sino incluso cuando el sol estaba realmente alto en el horizonte. 

El origen de la coloración es la misma que la del ocaso y amanecer. Las moléculas presentes en el aire absorbiendo y esparciendo más el azul que el rojo, de forma que el rojo progresa más en la dirección de propagación original. En este caso el efecto vino muy reforzado por la presencia en el aire de más moléculas de lo habitual, procedentes de humos y cenizas. 

No sólo el sol se apreciaba claramente rojizo, también la luz en el suelo era menos intensa de lo habitual a esas horas y tenía ese tinte incluso a mediodía, lo que daba una inquietante sensación de mal augurio, sobre todo teniendo en cuenta el terrible origen. 

Hay dos imágenes cortesía de Celia Rubio Morales y Rocío Antón Freire que ilustran de forma espectacular y sobrecogedora la situación. La primera llena de óptica, con rayos crepusculares, y colores rojo y azul de esparcimiento Rayleigh, variando el color con el espesor del humo quizás, conteniendo el origen físico del azul del cielo y el rojo del ocaso uno al lado del otro. La segunda con un espectacular rojo típico del ocaso pero con el sol bien alto.


Observamos también este fenómeno de forma independiente Francisco Díez Garrote, autor de las tres siguientes imágenes, y un servidor. En las fotos de Paco observe no sólo el borde solar, sino también la coloración de la columna de luz sobre el agua. Da miedo. Observe la altura del sol sobre el horizonte. 














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