Especular-espectacular

La reflexión es un fenómeno que siempre nos da imágenes de gran belleza, sugerentes y perturbadoras en su trastocar de los espacios. En particular los días de lluvia en los que los suelos húmedos se convierten es espejos gigantes. Como en esta hermosísima imagen de una pista de atletismo tomada por Rubén Scurtu, comunicada y compartida amablemente por Martina Benito Velasco. Imagen que hace realidad palpable principios herméticos del tipo "así es abajo como es arriba" y nos abre el cielo a nuestros pies. Maravilloso camino hacia un cielo vibrante de formas y colores.


De belleza en belleza una hermosa imagen de El Tiemblo en Ávila asomado al embalse que por obra de la reflexión pone a sus pies un inmenso cielo nublado sobre el que destaca el verdor cercano y el azulado de las montañas en segundo plano, fantástica imagen que debemos a Lucía Ortega Gutiérrez.


Un humilde charco se convierte en una magnífico espejo que nos ofrece otra versión sorprendente de la realidad, una cara mágica de lo ordinario, creando nuevos espacios llenos de luz en el la opacidad oscura del suelo y nuevas tonalidades de color en el cielo invertido. Los espejos son siempre una conexión con otra realidad similar pero inversa, familiar pero inquietante. Imagen de Isabel Tenreiro Villar, en Riga. 


La reflexión es un fenómeno tan sencillo, pero tan evocador que uno se siente a veces confundido y no sabe lo que es real y lo que es imagen. Como en esta fotografía tan bella tomada en la hermosa localidad cántabra de San Vicente de la Barquera, por Gabriela Semprún Justo, que ha tenido la cortesía de compartirla con este blog. 


Y en este juego de espejos nos desafía como un acertijo la maravillosamente intencionada imagen de Miguel Orbaneja Pérez, tomada en un estanque del Parque Juan Carlos I de Madrid, repleta de agudo ingenio y sensibilidad, para titularla, además, Lo mismo arriba que abajo, dándole la vuelta al mundo.


Y no me resisto a participar con todo el alma maña con un par de imágenes del El Pilar, el Ebro y sus reflejos, la primera de las cuales, en premonitoria sintonía con Miguel, la titulé Así en el cielo como en el agua por parecerme que el Ebro se había ido dejando al cielo en su lugar y cerrando los arcos del puente de piedra por abajo.



























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